“Capacitando en innovación y ciencia de datos” por Amaris Arroyo Muñoz

Autora: Amaris Arroyo Muñoz

GobLab, laboratorio de innovación pública, Escuela de Gobierno, Universidad Adolfo Ibáñez

El GobLab es un laboratorio de innovación pública multidisciplinario, que busca mejorar la calidad de vida de las personas por medio de la innovación y la ciencia de datos. Este fin se desarrolla por medio de investigación aplicada, formación y proyectos. Además, se pretende potenciar el diseño de políticas públicas basadas en evidencia y la mejora de los procesos de gestión pública desde la ciencia de datos y el Big Data.

El laboratorio nació el año 2017 y desde ahí se ha asociado con diferentes académicos de la universidad y fuera de ella, para poder hacer investigación aplicada en diversos ámbitos como la seguridad pública, infancia, salud, entre otros. Para el laboratorio, una tarea fundamental es siempre contar con la participación de diferentes investigadores que amplíen nuestro espectro de conocimiento e intervención y que, desde sus disciplinas, nos ayudan a llevar la ciencia de datos y la innovación pública a más problemáticas de la sociedad. El trabajo en red con múltiples profesiones ha sido siempre un sello del GobLab.

Entendiendo que nuestro laboratorio está enmarcado dentro de una institución de educación, es que en estos últimos años nos hemos enfocado a expandir y nutrir la oferta de formación que ofrece el GobLab al sector público, con un foco a la aplicación del conocimiento. Así, en conjunto con el Center for Data Science and Public Policy de la Universidad de Chicago, es que desarrollamos un curriculum innovador y abierto sobre formulación de proyectos de ciencia de datos. Este currículum se pilotó en dos ciudades de Chile de manera gratuita a más de 70 directivos públicos, en una modalidad de curso tipo taller con tres sesiones de ocho horas en donde cada persona llegaba con un problema real de su institución y durante el curso se iba desarrollando el proyecto de ciencia de datos para dar respuesta a este problema. Luego de esta experiencia y la retroalimentación de los alumnos se modificó el curriculum y se diseñó un curso abierto para funcionarios públicos en Chile, se llevó también el curso a Australia y ahora se realizará en formato presencial streaming y será ofrecido a servidores públicos de todo latinoamérica.

El cómo se usan los datos desde el sector público debe ir mejorando y apuntando hacia datos que guíen las decisiones. Es por esto que es de vital importancia seguir con este tipo de formación dentro del sector público, generando capacidades dentro de éste para generar este cambio que luego se verá traducido en mejoras para la sociedad, que es el objetivo final de nuestro laboratorio de innovación.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de John Schnobrich en Unsplash


“Universidad e innovación social: ¿Son posibles?” por Manuela Mora Ruiz

Autora: Manuela Mora Ruiz
Grupo de Investigación Derecho Público para la Gobernanza (DERGO)
Centro de Investigación en Pensamiento Contemporáneo e Innovación para el Desarrollo Social (COIDESO)
Universidad de Huelva

La idea de elaborar un manifiesto a partir del cual podamos repensar el papel de las universidades respecto de las sociedades y territorios a los que se vinculan es, como mínimo, iluisionante, puesto que la Universidad debe estar conectada a la sociedad que la rodea, en la medida en que su creación se justifica por la necesidad de atender un servicio público, de interés general, como el que representa la educación superior. La Universidad, en mi opinión, no puede ser mero receptáculo de saberes y su transmisión unidireccional, sino que debe conseguir que la docencia, investigación y el estudio revierta en la sociedad y, a la vez, ésta le permita una continua actualización de acuerdo con las exigencias del momento y del lugar concreto. La Universidad debe ser una entidad con inteligencia territorial, por tanto, con capacidad para innovar desde el punto de vista social.

Si este es el punto de partida, la pregunta es si la naturaleza de las universidades (especialmente las de carácter público) y su configuración legal (en gran medida con un alto componente histórico) le permite o, incluso, le motiva a asumir este papel activo y dinamizador al que antes me refería.

Basta pensar en la caracterización que el art. 1.2 de la Ley Orgánica 6/2001, 1 de diciembre, de Universidades hace de las Universidades españolas, en el sentido de atribuirle las siguientes funciones:

“a) La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura.
b) La preparación para el ejercicio de actividades profesionales que exijan la aplicación de conocimientos y métodos científicos y para la creación artística.
c) La difusión, la valorización y la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida, y del desarrollo económico.
d) La difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión universitaria y la formación a lo largo de toda la vida”

De este precepto, es claro que la innovación social no está prevista como una función y objetivo de las universidades, por lo que uno de los primeros retos para la innovación desde la Universidades debe estar en la interiorización por el marco jurídico de las mismas del concepto de innovación social. Lo que no está de forma expresa puede no tenerse presente. Es cierto que la garantía de la igualdad de género está asumida por las universidades, y que se están incorporando los ODS como objetivos comunes, pero todo ello precisa visibilizarse desde la innovación social.

Junto a ello, creo que hay dos elementos fundamentales para que la Universidad pueda ir haciendo camino en la innovación social: De un lado, deben consolidarse los enfoques de trabajos transversales con miras a influir en la sociedad.

De otro, la necesidad de articular el fomento de la innovación desde dentro, y, en este sentido, hacer una profunda reflexión sobre las estructuras organizativas y de trabajo de las universidades y sobre los procesos de decisión. En mi opinión, no hay verdadera consciencia de los miembros de la comunidad universitaria como ciudadanos, sino como integrantes de una estructura estamentaria.

Tanto uno como otro elemento tienen el interés de poder proyectar la innovación hacia fuera, con otras entidades del sector público que permitan un papel más activo de las universidades en el desarrollo de lo local con proyección global.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Jelleke Vanooteghem en Unsplash


“Innovación pública desde las universidades: algunos desafíos” por Blanca Miedes Ugarte

Autora: Blanca Miedes Ugarte

Laboratorio de Innovación Social y Emprendimiento-Universidad de Huelva.

Laboratorio de iniciativas de Innovación Socioecológica- Observatorio Iberoamericano de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático-La Rábida.

Hace unos meses oí a @FerminCerezo, uno de los referentes actuales de la innovación pública en el estado español, que la innovación no va de tener ideas, sino de aplicarlas y creo que es en este terreno donde la universidad se enfrenta a un doble desafío. El primero es el de las ideas. La cuestión es si nos estamos haciendo las preguntas que realmente necesitamos hacernos en este mundo VICA (vunerable, incierto, complejo, ambiguo), un mundo cuya insostenibilidad llama a transformaciones radicales. Y el reto de la universidad en este sentido es activar la imaginación colectivapues nadie dispone de todas las respuestas y todo el mundo dispone de alguna, posibilitando la emergencia de nuevas recomposiciones de lo que es posible. Se trata de aprender a hacernos colectivamente, multidisciplinarmente, transectorialmente, con el concurso de la ciudadanía, preguntas más ambiciosas, de dejar a un lado por un momento el imaginario de la ciencia ficción para permitirnos pensar en una sociedad ficción: ¿cómo vivir en un espacio socialmente justo y ambientalmente seguro?

Y aquí llega el segundo desafío, cómo convertir esas nuevas ideas en la práctica, cómo contribuir a generar cambios (no solo tecnológicos), basados en conocimientos (no solo científicos), que generen valor (no solo de mercado), como diría la famosa definición de la Fundación COTEC. Y aquí la universidad tiene todo que aportar y tiene mucho que aprender, al menos en tres campos:

En primer lugar, como institución pública en sí misma, como administración de servicios a la investigación la docencia y la transferencia. Aquí lo prioritario es que las universidades se conecten a las redes de innovación de las administraciones públicas ya en marcha para trasnformarse en administraciones a la altura de las oportunidades y necesidades del siglo XXI.

En segundo lugar, está el reto de transformar los sistemas de transferencia de conocimientos en auténticos sistemas de co-creación abiertos, de investigación-acción, interna (docencia y colaboración trasndisciplinar) y externa (con el resto actores sociales), creando los espacios presenciales y virtuales necesarios.

En tercer lugar, está el desafío de la construcción de las alianzas y pasarelas necesarias para conectar a los sectores públicos con la energía social de la innovación ciudadana. Un cometido clave aquí es identificar y ayudar a visibilizar las prácticas innovadoras más prometedoras –sean estilos de vida, fórmulas empresariales, formas de organización laboral o social, desarrollos científicos y tecnológicos, mercados, necesidades sociales–y generar los marcos propicios para que estas iniciativas se conecten, prototipen, experimenten, aprendan, se desarrollen y desplieguen todo su potencial, a la vez que se evalúen sus impactos y riesgos asociados. En esta labor de conexión los Laboratorios de innovación social y ciudadana universitarios están llamados a jugar un papel fundamental.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Jukan Tateisi en Unsplash


“Nuevos desafíos: Hacia una docencia significativa” por Amparo Aranda

Autora: Amparo Aranda

Vice-Presidenta de la Asociación Civil Mujeres para el Mundo

Los vertiginosos cambios que nos muestra el mundo imponen desafíos a la educación y a la producción de conocimiento en busca de su pertinencia con la realidad. Se impone en este sentido una implicación de las universidades y centros de formación en todos sus niveles, con la construcción y consolidación del tejido social. Se requiere entonces traspasar los muros de los centros de enseñanza para que sus actores se sitúen justo allí, donde ocurren los problemas, donde la realidad habla con toda su riqueza para orientar la reflexión crítica y validar desde la visión de cada ciudadano, de cada actor comunitario y de cada praxis social, lo que venimos diciendo de ella desde los centros de “producción de saberes”.

Una docencia significativa consiste entonces en implicarse con la realidad, con el entorno, con las comunidades, con las Organizaciones de la Sociedad Civil, con la gente, para educar con pertinencia, lo cual significa educar para la vida, para aprender a pesar, aprender a actuar y aprender a incidir, más allá de recetas, pasos o modelos impuestos. Es pensar, repensar y reconstruir la realidad, validando desde allí el conocimiento y planteándonos nuevas formas, nuevas interpretaciones y nuevas actuaciones.

Los actuales desafíos post pandemia que enfrenta el mundo, requieren de docentes que salgan a los espacios locales, como un aprendiz más, como un ciudadano más, para interactuar con sus estudiantes, con los líderes sociales, las mujeres, los hombres, los jóvenes, los ancianos, las organizaciones sociales e instituciones públicas y juntos dimensionar qué sentimos, por qué ocurre lo que ocurre, qué hemos hecho hasta ahora y qué alternativas pueden construirse desde una visión compartida y co creadora para reducir los impactos, colocando en el centro de las actuaciones la humanidad y la vida.

Es urgente valorar hoy más que nunca el rol de las universidades en la consolidación de la cohesión social hacia la búsqueda incansable del diálogo entre producción de conocimiento y saberes populares. Para ello, es necesario situarse fuera de los de los centros del saber y volver a ellos para sistematizar, documentar y aportar, desde un proceso iterativo e interactivo que nunca culmina ni se agota en ninguno de los espacios de actuación. Es un proceso de auto educación permanente.

Entonces, continuemos en nuestra labor de formación desde las propuesta curriculares, pero trascendamos hacia una docencia significativa para que juntos nos empoderemos para reconstruir la sociedad y cuidar el mundo, pues sin ello, nada tendría sentido.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Dan Dimmock en Unsplash


“La innovación forzosa como motor de compromiso para la construcción de futuro” por Laia Sánchez

Autora: Laia Sánchez Casals

Citilab Cornellà

La situación generada por el COVID-19 y la crisis sanitaria y económica, hace hoy más urgente llamar a la comunidad universitaria a formar parte de la construcción de futuro en los ecosistemas de innovación social y ciudadana.

La universidad ya forma parte de este ecosistema con iniciativas puntuales desde facultades, departamentos y por parte de profesorado pionero, que aún puede desplegarse con mucho más alcance e impacto. Tal y como la configuración de esta nueva Red de universidad e innovación pública se propone, quiere articular una mayor implicación, que permita reforzar el papel de la universidad para fomentar de forma decisiva la universalización y democratización del este sistema.

Para lograrlo necesitamos una universidad que esté dispuesta a abrirse y reconectarse bajo formas de relación más horizontales. También necesita abrir sus propios procesos de de co-diseño y co-creación internos para implicarse en su entorno.

Esta apertura y responsabilidad enlaza con las iniciativas de RRI, el Open Access, la transferencia a empresas y administración pública, laboratorios de fabricación o programas de ciencia ciudadana pero, sobretodo, necesitamos una implicación mucho más importante desde los rectorados y decanatos que impulsen de forma decidida la incorporación del profesorado y alumnado en los procesos de “innovación forzosa” a la que nos vemos abocados con los cambios y tensiones que nos atraviesan tras el COVID19.

Además de reconocer y promover la participación de los estudiantes, profesores y grupos de investigación en los laboratorios temporales existentes o co-organizados por la universidad, es fundamental que se dé protagonismo e impulso a los proyectos realizados por el alumnado ya sea supervisados desde asignaturas o por tutores dedicados como ocurre con los trabajos de fin de grado (TFG) o fín de máster (TFM).

Estos deben ser el lugar donde aplicar las competencias adquiridas, conectando su conocimiento con sus motivaciones y alineándose con aquellos retos y misiones de la Agenda 2030. Desde Citilab ya estamos trabajando en esta dirección con los alumnos de los institutos públicos de Cornellà. Sabemos que es posible hacerlo y que su potencial transformador es ilusionante y necesario.

Es fundamental que el alumnado conecte sus proyectos a los retos a los que quiere dar respuesta desde el inicio de la investigación. Esto implica trabajar la responsabilidad, y da dirección y sentido al proyecto y también al esfuerzo. Así es cómo podemos reconectar a la universidad con su entorno. Ellos y ellas, los jóvenes son los mejores conectores porque siguen enraizados en su entorno, y porque a partir de sus motivaciones e intereses se pueden generar experiencias de aprendizaje más significativas, de gran impacto social.

Este alineamiento, no implica muchos más recursos docentes, ni más horas de dedicación, ni más tutores, implica un nuevo enfoque y una nueva forma de organización, que facilite incorporar los métodos propios de la innovación abierta, los living labs y los laboratorios ciudadanos.

Ante la profundidad de la crisis actual que estamos atravesando, debemos vivir con una nueva imposibilidad, los jóvenes no podrán ir a estudiar o a trabajar fuera del país para construir su futuro, como sucedió en la crisis anterior. Por eso, ahora, nuestro nuevo reto será implicarnos con nuestros jóvenes para que construyan junto a nosotras la sociedad que queremos con oportunidades para todas. Una sociedad responsable con los vulnerables y con el medio ambiente, y que defienda una democracia más fuerte donde la innovación ciudadana sea un derecho para construir proyectos vitales y futuro.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Anna Pritchard en Unsplash


“Conocimiento y transferencia” por José Luis Moreno Pestaña, Manuel de Pinedo García y Neftalí Villanueva Fernández

Autores: José Luis Moreno Pestaña, Manuel de Pinedo García y Neftalí Villanueva Fernández

Universidad de Granada

Tenemos varias experiencias importantes sobre transferencia de conocimiento. José Luis Moreno Pestaña publicó La cara oscura del capital erótico. Capitalización del cuerpo y trastornos alimentarios (Akal, 2ª edición). La obra estudiaba los vínculos entre exigencias corporales a las mujeres y trastornos alimentarios. La transferencia se desarrolló a través de dos reuniones con delegados y delegadas sindicales de Comisiones Obreras. En las reuniones se les pidió que interviniesen acerca de cómo afectaba su aspecto físico a su entrada, mantenimiento y promoción en el puesto de trabajo. Concluimos en la necesidad de realizar una guía sobre discriminación corporal en el trabajo. Neftalí Villanueva ha desarrollado un proyecto financiado con una Beca Leonardo (BBVA) sobre la incidencia de la presencia de desacuerdos cruzados (donde las partes conciben de formas muy diferentes la naturaleza de desacuerdo) en el debate público en el aumento de la polarización y el desarrollo de herramientas de detección temprana de dichos procesos. Junto a Manuel de Pinedo desarrolla en la actualidad un proyecto financiado con Fondos Feder en la misma línea, aunque la polarización que se estudia tiene que ver con las actitudes frente a la inmigración en lugar de frente a la organización territorial del Estado. Los tres han solicitado un proyecto al Plan Nacional para investigar conceptual, cualitativa y cuantitativamente la constitución de grupos de deliberación democrática por medio del sorteo y su impacto en la calidad del debate y en la disminución de la polarización. Han publicado artículos conjuntos en prensa sobre la relación entre el conocimiento experto y toma de decisiones políticas.

Problemas en la transferencia
Son de dos tipos. Uno, muy general, es el de adaptar el estilo académico a la recepción. Para lo que pudiera esperarse, los temas no planteaban ningún problema, incluso aquellos más vinculados con problemas específicamente filosóficos. El segundo problema es el de cómo casar la agenda de investigación científica con la agenda política de una organización. Temas que la investigación considera de interés y abiertos pueden chocar con valores asumidos por la  organización.

Conocimiento y distribución
José Luis Moreno ha planteado cuatro posibilidades en lo que toca a la relación entre conocimiento y participación democrática (Véase Retorno a Atenas. La democracia como principio antioligárquico, Madrid, Siglo XXI, 2019, 2 ª edición). Aplicadas a la experiencia con Comisiones Obreras:

  1. Por un lado, existe un conocimiento especializado que necesita procesos de adquisición muy intensos y prolongados en el tiempo. Solo la formación académica permite adquirirlo. La parte más teórica del libro es un ejemplo.
  2. Por otro lado, existe un conocimiento no especializado que puede distribuirse académicamente. Específicamente fue el conocimiento que emergió en mis debates con los delegados y delegadas sindicales.
  3. En tercer lugar, existe un conocimiento especializado que puede distribuirse sin procesos de formación ni muy intensos ni muy largos. En conjunto, este tipo explica parte de esta experiencia.

En fin, existe un conocimiento de fácil adquisición y que puede dominarse con la simple exposición práctica al mismo. La única barrera para adquirirlo es salvar las barreras que impiden a los individuos participar en ciertos espacios sociales. La transferencia consiste en ahorrarse el primer tipo de conocimiento y en concentrarse en el segundo y en el tercero. Por supuesto, el que hoy es un conocimiento difícil de adquirir puede ser mañana sencillo –el tipo 1 pasa al tipo 3 o incluso al 4. En la transferencia ganamos una enorme cantidad de conocimiento del segundo tipo.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Sticker Mule en Unsplash


“¿Qué docencia/aprendizaje en la universidad después del coronavirus?” por Javier López Gijón

Autor: Javier López Gijón

(Profesor de la Universidad de Granada)

La investigación en la universidad está reconocida, valorada y medida. No es el caso de la docencia/aprendizaje, que no está valorada y tampoco tiene indicadores para medir su desempeño. La crisis del coronavirus y la necesidad de la enseñanza virtual han puesto esta realidad aun más de manifiesto. Gran parte del profesorado desconoce las metodologías y herramientas necesaria para realizar el aprendizaje virtual.

Esta crisis, que nos ha obligado a fundamentar el aprendizaje en la virtualidad, debería servirnos para replantearnos la docencia en la universidad. Sacarla del “abandono” en que se encuentra y valorarla como uno de los pilares de la universidad. Es hora de innovar en la docencia, de mejorar su desempeño, de replantearnos esta falla que tiene la universidad y ponerla al nivel que debería estar.

Todo lo que se hace en la docencia/aprendizaje virtual se recoge en las plataformas educativas que tienen las universidades, sin embargo ¿qué sabemos de la misma? ¿conocemos algún indicador? Estos indicadores serian importantes para que cada profesor pueda tener un referente sobre lo que sería un estudiante modelo y compararse. En nuestra universidad actualmente nada deesto se conoce, y sin conocer estos indicadores, sin conocer las buenas prácticas, es difícil mejorar el desempeño.

Quizá en la universidad antes de ponernos a hacer propuestas de innovación pública para la sociedad deberíamos de innovar en nuestra propia casa, y cambiar el modelo de aprendizaje tan antiguo y poco actual que tenemos. Sería muy de agradecer tanto por el estudiantado como por la sociedad, pues verían que conocernos nuestros puntos débiles y nos atrevemos a cambiarlos, para convertirlos en fortalezas.

En estos días de confinamiento han aparecido en la prensa diversos artículos sobre las dificultades de “examinar” con los criterios tradicionales en el aprendizaje virtual, y las protestas de los estudiantes “pidiendo que se usen métodos alternativos para la evaluación y no seguir con las metodologías tradicionales que sehan vuelto manifiestamente inviables” (Ideal, 6-05-2020). Sin duda necesitamos nuevas metodologías y nuevas formas de evaluación para el aprendizaje en la universidad. Y que estas nuevas técnicas sean conocidas y desarrolladas por el personal docente.

Dentro de los posibles temas a abordar del Manifiesto, proponen algunos como: “retos y oportunidades”, “innovación social e innovación ciudadana”, “metodologías”, “condiciones para desarrollar innovación pública”, “docencia significativa a través de implicarse con retos del entorno”. Estos temas están relacionados con la aportación que presentamos.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Amador Loureiro en Unsplash


“El papel de la participación ciudadana” por Antonia González Salcedo

Autora: Antonia González Salcedo

Grupo de Estudios Cívicos e Innovación Social (GECIs) de la Universidad de Murcia

En la actualidad el comportamiento de los representantes en el modelo de la democracia representativa se percibe como no responsable, alejado de las demandas ciudadanas, y provoca sentimientos de insatisfacción, indiferencia o desconfianza, dando lugar a un descenso de la implicación ciudadana a través de las formas de participación más tradicionales como el voto o la afiliación partidista. En este contexto la participación ciudadana en el ámbito local, con fórmulas revisadas y mecanismos novedosos, aparece como un intento de regenerar el sistema, y disminuir la distancia entre gobernantes y gobernados. Los mecanismos participativos desarrollados en el ámbito local suponen un escenario inédito en el cual el papel del ciudadano es determinante, pero la oportunidad de la participación supone al mismo tiempo un complicado reto.

Temáticas claves que pueden abordarse:

  • Participación y educación cívica.
  • Evaluación independiente de las políticas públicas.
  • Nuevos canales de comunicación con la ciudadanía y nuevos lenguajes.
  • Políticas públicas y desarrollo sostenible.
  • Investigación acción participativa.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Nik Shuliahin en Unsplash


“#Fronterar para #Innovar” por Rita Grandinetti y Patricia Nari

 Autoras: Rita Grandinetti y Patricia Nari

PoliLab UNR, Universidad Nacional de Rosario

En la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, desde 2017 formamos PoliLab UNR, un ámbito novedoso de la Facultad de Ciencia Política y RRII para la producción de conocimiento desde la academia basado en la colaboración y co-creación social para la innovación pública. Como sociedad global estamos viviendo en la era exponencial (Ozslak, 2019) caracterizada por la velocidad y alcance sistémico de las transformaciones, a tal punto que su impacto sobre gobiernos, negocios y economías es importante como impredecible. En este contexto, construir finalidades públicas y gobernar requiere nuevas capacidades además de las de gestión tradicionales; “es necesario desarrollar capacidades de anticipación, adaptación e intervención frente a la magnitud y rapidez del proceso de cambio” (Ozslak, 2019) . La innovación pública abierta es la llave facilitadora de estas capacidades. Es resultante, y a la vez promotora de nuevos relacionamientos y sentidos en la relación estado- sociedad civil. No se trata de innovación tecnológica solamente, por el contrario, la fórmula de la innovación pública abierta amplía el concepto y responde a estos parámetros: inteligencia institucional+ inteligencia social = +innovación + valor público. Una metáfora nos permite pensar esta doble relación entre capacidades e innovación abierta: la dinámica del movimiento helicoidal (Grandinetti R., 2018) . La innovación es el eje que estructura el desplazamiento, y la gestión gira a su alrededor en un doble movimiento de rotación y traslación desde modelos prexistentes de gestión hacia formas más abiertas de gobierno. En este doble movimiento, la gestión al rotar incorpora diversas miradas, asume nuevas perspectivas y aportes que la van redefiniendo y le permiten trasladarse incorporando nuevas capacidades, redefiniendo productos, estructuras y estilos. En la traslación, las capacidades de gobierno se van desplegando, transformando y fortaleciendo, a la par que se aleja de las formas tradicionales de producción de políticas. Se trata de un movimiento permanente, pero estructurado, que posibilita ir modificando posicionamientos y perspectivas, conservando a su vez un núcleo sólido que permite brindar servicios de calidad a los ciudadanos a la par.

En este proceso de innovación pública las universidades están llamadas a cumplir un rol fundamental como espacios de producción de conocimientos. Ahora bien, el intercambio y la vinculación representan un desafío a las prácticas académicas tradicionales, centradas en el saber experto y disciplinar. Los saberes fragmentados no pueden resolver los desafíos públicos de la sociedad del conocimiento y la revolución industrial. La innovación en el siglo xxi es colectiva y con tecnologías ágiles.

PoliLabUNR es un espacio colaborativo, de producción de inteligencia pública para la experimentación y diseño de formas, estrategias y marcos de gobernanza pública innovativos. Reúne a estudiantes, investigadores, expertos, activistas sociales y gestores públicos en la exploración y la generación de ideas para la producción de valor público para la gobernanza y la educación. «…un espacio libre en el que se pudiera experimentar, un espacio protegido en el que se pudiera perder al menos momentáneamente el control.»
(Sennett, 2010-145).

En el andar, adoptamos un término que nos identifica, #fronterar.
#Fronterar es nuestro grito de guerra.
#Fronterar es cercanía en las distancias, es multiplicidad, es diversidad, es encuentro y novedad.
#Fronterar moviliza nuevos escenarios, pone en acción, activa redes y sinergias, despierta la inteligencia colectiva.
#Fronterar es obligarnos a ir más allá de nuestra zona de confort, hacia la construcción de espacios de inteligencia colectiva, para la resolución de problemas públicos.
#Fronterar un método, una hoja de ruta cíclica, no lineal, en tres pasos que nos permite centrar nuestras actividades como un proceso de producción de innovación y multiplicación colectiva de la innovación.

1/ Experimentar, a partir del intercambio intensivo,
2/ Reflexionar colectivamente sobre lo experimentado,
3/ Innovar, Desarrollar ideas que modifiquen las prácticas públicas.

¿Por qué #fronterar?
Porque en las fronteras, en los encuentros con otros, con lo diferente, desafiamos los límites de las disciplinas, las rutinas instaladas, los saberes establecidos. Porque fronterar expande el conocimiento, incorpora nuevos saberes, plantea nuevos retos e identifica ideas inéditas. En síntesis, porque estamos convencidos del valor de lo #publico y lo #común en este SXXI más que nunca, y #fronterar, es ir más allá de nuestros límites, es hacerlo posible.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Green Chameleon en Unsplash


“La actitudes cívicas y las estrategias de inclusión social” por Cristina Moreno

Autora: Cristina Moreno

Grupo de Estudios Cívicos e Innovación Social de la Universidad de Murcia

Diferentes colectivos se encuentran en situaciones de exclusión respecto a la visibilidad que tienen en el sistema político, en cuanto que ciudadanos destinatarios de medidas, iniciativas, o de programas que los contemplen como agentes implicados en algún estadio de políticas públicas. Estas circunstancias se encuentran relacionadas con el desarrollo de actitudes hacia el sistema político que hablan de la distancia percibida respecto al mismo; que remiten a la desafección política, a no percibirse como parte del grupo político, como sujeto involucrado en los asuntos públicos. El desarrollo de mecanismos participativos puede colaborar en el desarrollo de actitudes cívicas, lo que puede resultar clave en el caso de grupos sociales que normalmente carecen de las herramientas básicas para participar.

Temáticas clave que pueden abordarse:

  • Actitudes políticas.
  • Participación política.
  • Mecanismos participativos.
  • Violencia institucional.
  • Exclusión social y actitudes políticas.
  • Diseño de políticas públicas de inclusión social.

Artículo enviado como contribución al “Manifiesto de innovación pública desde las universidades”.

Foto de Kaleidico en Unsplash